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Como artista busco en mi trabajo una conexión con todo lo que me rodea, todas las cosas están llenas de energía, la piedra, la madera, el metal, el barro....todo está inmerso en una constante danza, un mar todo lleno de vibración, un movimiento que se pierde en la apariencia que perciben nuestros ojos haciéndonos creer que las cosas son fijas, inalterables e inmutables.
En mi opinión la piedra deja de ser simple materia inerte a ser una materia que está llena de vibración y que cuando tallo una piedra, la piedra me aporta parte de su energía, igual que parte de mí se queda dentro de la piedra. Esto se puede hacer de forma inconsciente y tan solo tallar lo que tenías pensado, o hacerlo con la consciencia de tratar de poner tu atención (tu energía) en la piedra y en lo que estás haciendo. Tallar piedra puede ser para mí no solo un trabajo artístico sino un camino de crecimiento interior.
Mi jornada de trabajo en el taller empieza siempre con una meditación, pues considero importantísimo tener una actitud lo más consciente que pueda en mi proceso creativo ya que es el mismo camino en sí lo que es la meta. No pretendo alcanzar nada sino aportar todo el amor que pueda en mi trabajo. Pues hacer esculturas es para mí un regalo que la vida me ha dado, y al esculpir procuro poner todo el amor de mi corazón. Y esto es lo mejor que puedo aportar a los demás.
Así que antes de tallar, modelar, dibujar, construir o des construir, soldar, pegar, martillear, golpear, cortar, lijar, pulir, taladrar, vaciar, hornear, encolar, cepillar...me paro unos instantes antes de empezar la faena y tomo consciencia de cómo me siento, entonces acaricio, abrazo, siento, toco y miro la piedra que voy a tallar y tras unos instantes de contacto paso a encender con una sonrisa el interruptor de la radial, o golpear la piedra tratando de estar consciente en lo que hago.
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